"Manzana de oro con figuras de plata es la palabra dicha como conviene". Proverbios 25:11
Una muchacha estaba terminando su primer dia de trabajo como servidora en un restaurante de la gran ciudad. El dia habia sido caluroso y agotador. con sus pies doloridos y su cuerpo cansado, la muchacha ya casi no tenia fuerzas para seguir llevando las pesadas bandejas. Y mientras atendía a una familia con varios niños que cambiaban a cada momento de parecer acerca de que postre iban a pedir, la muchacha estaba a punto de estallar.
Pero en ese momento el padre de la familia le dijo bondadosamente: "Señorita, le agradecemos su paciencia y la buena atencion que nos esta brindando". Y esas pocas palabras dichas con una sonrisa, tuvieron la virtud de cambiar el animo de la servidora. Ella misma dijo mas tarde: "La palabra de aprecio y la sonrisa de ese señor hicieron desaparecer mi cansancio".
He aquí el poder mágico de una buena palabra dicha en el momento oportuno a un corazón necesitado. ¿Solemos estar consientes de este gran valor que tiene la palabra sana y afectuosa? Por lo general somos tan irreflexivos que dejamos que la lengua se mueva sin criterio alguno, y a veces sin que obtenga una sola idea sensata y edificante. Por eso se aconseja con razón: “Antes de poner la lengua en movimiento, ponga el cerebro en funcionamiento”. Es realmente imposible que nuestras palabras comuniquen bondad a otros, si no están gobernadas por una mente saturada de bondad. Porque ¿Qué son las palabras si no la expresión de nuestros pensamientos?
Casi cada día nos encontramos con alguna persona preocupada, abatida, cansada, enferma o necesitada de simpatía. Y a esa persona, conocida o extraña, cuanto bien podríamos hacerle con decirle apenas unas pocas palabras de aliento y comprensión. No un discurso, ni mucho menos un reproche, si no una simple expresión de sensibilidad humana que ofrezca un rayo de afecto y amistad.
Quizás esa persona necesitada sea nuestra propia madre, nuestro padre, nuestra esposa, alguno de nuestros hijos, o tal vez un vecino o uno de nuestros compañeros de trabajo. Pero sea quien fuere, ¿Vamos a quedar callados, cuando dos palabras de animo y de cariño podían hacer tanto bien? Sintamos en este dia la alegria de pronunciar palabras que sean Medicina para el alma de nuestro projimo.
Apesar de todo... Que bonita es la vida...

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